Betty Di Roma/ AQUELLAS CADERAS DEL FUEGO ETERNO

cangrejo negro

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

Betty Di Roma

Para Napoleón Rodríguez

La señora estaba con malla y sin jaquecas. Que esas huevadas la inventaron los laboratorios, dice altiva. Betty Di Roma era un ángel tierno, aquella tarde en el gimnasio de la avenida Colonial. Y Carlos Chino Domínguez, con su cámara, que se pone nervioso por primera vez. No es para menos, él jamás pudo entrevistarla y se hizo el milagro. Ere un verano de 1990, y Betty Di Roma que fuese la mujer más deseada del Perú en la década del 50 está frente a nosotros, natural y eternamente bella.

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